Este blog funciona como una bitácora de mi trabajo. Aquí se concentran ideas, procesos, intestinos, referencias, dudas, peces, decisiones, cristales, dibujos y demás.

20 agosto 2014

Nina





Me hace pensar en algo que no soy yo, y a la vez no me deja olvidarme, porque cada vez que le muevo su camita a donde da el sol, le pongo comida, la saco a pasear, la subo a mi cama, le pongo abrigo, le quito el abrigo, le sirvo agua o le guardo pedacitos de manzana, tengo que salirme de esa nada tan espesa que a veces me absorbe y medio me hace olvidarme. 

Muchas veces estoy dormida, envuelta en nada, con frío y con fiebre, con los brazos torcidos y un dolor de cabeza medio olvidado en sueños que tienen más personajes de lo normal: gente que ya había olvidado, gente en la que no pienso mucho, gente que no existe, gente que no es quien debería ser y gente que no es gente. Siento mucho por esas personas, me apasiono con ellas para bien y para mal. Y en situaciones completamente absurdas siento y vivo un montón de cosas fuertes. Me enamoro muy seguido, escapo de un derrumbe en un terremoto, aprendo a salvar a alguien pegándole en el pecho, lloro a los que se mueren, me congelo frente a una ola gigante también congelada, me peleo con todo mundo, el espejo me cambia por otra (y hasta por otro), se me traban las rodillas, encuentro fantasmas en los baños públicos y se me caen los dientes. 

La mayoría son pesadillas, o algo que así se siente mientras lo sueño. Pero nunca quiero despertar, y cuando empiezo a entender que estoy soñando y que me esperan tantas cosas que hacer que no son nada, me regreso al sueño, como diciéndome a mi misma que todavía no acaba la historia. Cada diez minutos se renueva el sueño. El snooze es para la vigilia. Espera, espera poquito, realidad. Retrásate lo más que puedas, ¿qué ganas con tenerme contigo?, avanza lento y confunde tu paso con el de un anciano. Haz que se caiga para que sea más lento. Yo lo ayudo, llego a él y le digo que es mejor el piso, que se concentre en agarrarle gusto. Si no lo entiende solo, yo puedo presionarlo contra el asfalto para que se derrita poquito. Puedo hacerlo una babosa, puedo meterlo completo a un vaso y sorberlo fuerte fuerte fuerte, incluso por la nariz y con popote. Si vomito no va a oler feo y si huele feo no va a ser en tu mundo, ¿qué más te da, realidad? Aún así tienes que sonar de nuevo, despliegas un letrero de misión o no sé qué, lo leo y mi misión es desactivarte sin salir del sueño, lo logro no sé ni cómo y hay veces que me aplauden por eso. Tú sigues insistiendo y yo puedo seguirte rechazando por varias horas más, con o sin ejército de enanos.

Con los brazos torcidos y presionándome el pecho, la espalda chueca, la mandíbula apretada y el cuerpo, todo, pesado como esa nada que lo envuelve, no puedo despertar. No encuentro en ese limbo entre soñar y no soñar alguna razón para sólo no soñar. Y mientras me hundo en otro sinsentido, escucho las patitas de Nina que viene hacia la cama, luego sus garritas rascando la base de la cama, me imagino sus ojitos negros que ya no brillan tanto, la orejas como antenas, la colita tratando de volar. Y despierto, la subo a la cama y se estira sobre mí. ¿Por qué está tan contenta? ¿Por qué no se pregunta nada? ¿Por qué no le da miedo saber que ella es ella misma? ¿Y por qué me quiere tanto? No hay razón para nada de eso, su vida, lo que siente y lo que me hace sentir son tan absurdos como los sueños, así de grandes y así de chicos. Y esa mini existencia enojona, latosa, que ronca y que tiene mal aliento me hace tan feliz que la prefiero que cualquier historia que me cuente dormida. La rasco mientras se estira sobre mi panza, le digo que la quiero y sé que vale la pena despertar y seguir viendo cómo se hace viejita.

27 marzo 2014

Mayahuel

Hice este dibujo de Mayahuel, la diosa mexica del maguey. Me invitaron a ser parte del jurado del concurso Ilústram'esta y como parte de mi participación hice esta propuesta para regalar en forma de pósters en el evento de premiación el 12 de abril, en el que también voy a dar una conferencia.



Mañana, viernes 28, es el último día para mandar propuestas. ¡Apúrense!

09 marzo 2014

Día de la mujer

Tuve dos colaboraciones para el Día de la mujer, un dibujo y un ensayo. 

El dibujo fue para Cuchara:




Y el ensayo para MIC Género. Es este:

Caracoles, el orgullo glam de la naturaleza

Soy Cecilia Beaven, artista visual mexicana de 28 años. Prefiero se me considere un caracol confundido que una mujer exitosa o emprendedora. La mayor parte del tiempo no tengo idea de lo que estoy haciendo, no tengo presente la idea de éxito y ser mujer no es algo en lo que piense mucho, porque soy y ya. Tal vez no suena a lo que quieren escuchar, pero lo crean o no es muy reconfortante.

Pero sí, soy mujer y tengo un día que no me encanta. Entiendo que el mundo no funciona como debería y necesitamos recordarle a un montón de gente que todos valemos lo mismo, pero ¿no es triste tener que hacerlo?

¿Necesitamos este día? Yo soy mujer diario y no significa mucho para mí, ni para bien ni para mal. O naces hombre o naces mujer, es como tirar un volado. Y un volado no significa nada a menos que antes de tirarlo le hayas asignado un valor a las caras de la moneda. Por mucho tiempo y en muchos lugares –y hoy en México– la cara de la moneda marcada como mujer ha representado perder la apuesta: ser débil, tener menos posibilidades para elegir qué vida llevar, tener la misión de procrear, ser quien no discute y quien se deja. En México estamos llenos de eso, de apuestas perdidas que muchas veces representan vidas miserables, otras veces insuficientes o limitadas en distintos grados. Gran parte de la gente en nuestro país tiene en la cabeza un montón de ideas de lo que un hombre y una mujer tienen que ser. Tal vez sí se necesite este día...

Una mujer tiene que verse de una manera, tiene que hacer ciertas actividades femeninas, tiene que tener hijos y cuidarlos (con esposo, obviamente), tiene que ser amable y dulce, debe tener el pelo increíble, verse bien siguiendo un modelo de belleza que ella no decidió, y un largo etcétera. En mayor o menor medida, las mujeres en México siguen (¿seguimos?) una o varias de estas ideas, se cuestionen o no.

Ser mujer representa para mí un hecho biológico que es una más de las azarosas condiciones que representan mi vida. Tengo senos, útero, hormonas que me enloquecen de vez en cuando y podría tener un bebé dentro de mí (si no me hiciera pensar en los “Engendros del mal” de Cronenberg). Pero ser mujer también representa para mí una rareza social. En muchos ámbitos de la sociedad de la que soy parte ser mujer representa limitantes e ideas preconcebidas con las que no sólo no estoy de acuerdo, sino que me dan repele.

No encajo en el estereotipo de mujer mexicana, no tengo los 3 hijos que corresponden a mi edad, no uso tacones, tengo el pelo corto (o me dicen chavito o creen que soy gay), no estoy casada ni es mi ilusión u obligación casarme, no me mantiene un hombre, no me junto con mis amigas a pintarnos las uñas, no tengo vocecita y no me siento menos que nadie (tampoco más).
Pero sí soy mujer, otro tipo de mujer, y me gusta que no tengo que preocuparme por tantas cosas. Soy lo que escogí ser, artista y persona independiente, y mi naturaleza no determina mi papel social. El día de la mujer me hace pensar en que soy un caracol muy afortunado y con suerte un ejemplo para que otras personas no se sientan determinadas por su sexo.  
Cecilia Beaven